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Debo saber que

Si el cielo se oscurece
y en tus labios tu sonrisa
ya no encuentre
debo saber que
tu amor a partido
por un camino de heridas
ocasionadas por mi apatía.

Si en los amaneceres
ya no siento tus manos
rozar mi cuerpo
y el néctar de tu amor
desaparece de mis labios
debo saber que
la soledad es ahora mi guía.

Si hubiese sabido amarte
sonreiría a tu lado
y no lloraría en el vacio
acobijado junto al arrepentimiento
sabiendo que ahora
otro desnuda tu alma
al hacerte sonreír.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

Espera

En la afligida mañana las frías gotas caen sobre tu tenue rostro,
esperando la piedad de personas indiferentes ante tu pena oída solamente por los astros,
sintiendo ser solamente un melancólico espectro.
Recordándolo en aquel sonido del tren desvaneciéndose lentamente, añorándolo,
como el vuelo inadvertido de aves en celo
que se van oscureciendo sobre el eterno cielo.

Es tu fina silueta de mujer apagada por la huida de aquel cuerpo magno
y tus ojos bañados por olas abatidas en el abandono,
que te encierra en un tenue paisaje llano.
Aprisionándote en el blanco de las nubes que miraban enamorados,
volando al ritmo de las aves, observando el amanecer, apasionados
dejando el presente de tu vivir al regreso de tu amado.

Corres por el oscuro túnel de la demencia intentando superar los minutos,
en este reloj que ha muerto.
Él había partido a la guerra sin acariciar tu dormido y frágil rostro,
dejando solamente una carta sobre la mesita del velador,
abandonando cabizbajo a su familia, suspirando, fingiendo no ser un perdedor,
anunciando su muerte pintada de un desolado rojo, aferrado a tu amor.

Pasaron los días,
y las fuertes lluvias se adueñaron de las calles desoladas
mientras las personas indiferentes dormían plácidamente en sus casas
Pero tú aun esperabas en la soledad de los arboles dormidos,
en el golpe seco de las gotas contra el banco arruinado,
que el tren llegase con tu fiel amado.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

A ti

A ti señuelo de amor eterno,
corazones en tu cuaderno.

A ti milagro de la vida,
agradecido de haberte conocido ese día.

A ti que me deleitaste la noche pintada por estrellas, celosas por el brillo de tu perfección,
atesorándome en tu corazón con un beso al compás de nuestra sublime canción.

A ti que eres inmensa como el edén,
y mágica como el atardecer.

A ti musa de mi inspiración, cálida como el amanecer,
que evocas mi creatividad desnudándola con tu esencia de mujer.

A ti que eres tan delicada como una copa de cristal,
pero a la vez tan fuerte como tu instinto maternal.

A ti que me bendeciste con tu amor eterno,
e hiciste de mí un hombre de familia en el mes noveno.

A ti te escribo desde la tétrica guerra, abatido,
añorándote entre lagrimas y gritos sordos, arrodillado entre cuerpos moribundos.

A ti te escribo que no se cuando voy a regresar,
pero si sé que mi corazón nunca te va a dejar de amar.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

En el llanto de aquel niño

En el llanto de aquel niño,
cayeron lágrimas sin dueño,
huérfanas en las oscuras alcantarillas
rogando que alguien les entregue al menos una caricia.

En el llanto de aquel niño,
la inocencia se perdió en un vaso de vino.
Dejo de jugar
para comenzar a robar.

En el llanto de aquel niño,
la violencia fue su nuevo camino,
apartándolo de su bella ciudad guiándolo
a una fría soledad bajo el triste crepúsculo.

En el llanto de aquel niño,
la tristeza era ajena a su cruel entorno,
las personas suplicaron justicia,
pero sin saberlo estaban atadas a la injusticia.

Escapó con la rojiza culpa sobre sus manos,
intentando borrar lo que no podría olvidar en años,
arropándose en las frías noches con su propio sufrimiento
llorando en silencio, siendo el peón de su propio delito.

En el llanto de aquel niño,
que ahora termino.
Solo queda el indicio
de aquella infancia que nunca conoció.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

Te recuerdo

Te recuerdo como abrigo en los fríos inviernos,
arropándome con tu cálido amor divino.

Te recuerdo en aquel vino añejo de amargos tragos
que aun sigo bebiendo, suplicante, despojado por tu castigo.

Te recuerdo en el fondo de mi melancolía, sin poder siquiera hablarle a Dios
atado sin poder ver la eterna felicidad ondulándose en tus sutiles labios.

Te recuerdo en las cristalinas lágrimas que caían sobre tu rostro perfecto
al dejar nuestras raíces partiendo con una ilusión a la ciudad del Abasto.

Te recuerdo al escuchar la majestuosa melodía de aquel “Morocho del Abasto”,
que aun sigue siendo la voz de aquel barrio, con sus célebres cantos.

Te recuerdo llevando el fruto de nuestro amor dentro de aquel vestido blanco,
anhelado, sublime, atándonos ciegos de felicidad en un futuro trágico.

Te recuerdo después del nacimiento de Tobías,
en donde tu felicidad era alegría para mi mundo de fantasías que se desvanecía.

Te recuerdo ingenua ante los problemas que escondía,
en tanto me hundía en la depresión de mi desesperación, estafándote, bella esposa mía.

Me recuerdo devastado y arrepentido frente a tus pupilas sollozantes,
mientras me gritabas decepcionada olvidando lo que yo fui antes.

Me recuerdo abandonando aquel paradisiaco edén, dejándome sin esperanzas
y todo por haber querido profanar aquel fruto prohibido, tu confianza.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

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Versos nostálgicos

Observo desde mi ventana
las constelaciones que se reflejan en mi alma.
Es el bello y extenso mundo
que sereno y desnudo frente a mis ojos
se sienta a escuchar mis versos nostálgicos.

Ella huyo, ocultándose en la fría noche,
en tanto las nubes sollozantes
desprendían lágrimas que caían sobre mi afligido corazón.
Las comprendí, abandonadas, olvidadas, solitarias.
Ya nadie levantaba la mirada para contemplarlas.

Supe que el poeta cantaba desde su alma,
las melodías que su mente desconocía,
desde su interior la expresión se desnudaba,
bebiendo las penas de una alegría marchitada,
recordando la sonrisa de su bella dama.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

En las calles del engaño

Huiste en la madrugada,
abrigada sin mis abrazos,
desolada y sin rumbo por las calles del engaño.

Observaste inmóvil
a las constelaciones robarte mis besos,
despojándote de mí cariño que una vez fue tuyo,

y a la noche oscurecer tu corazón,
en tanto el viento secaba tus lagrimas
que dibujaban tu dolor sobre el frio asfalto.

El arrepentimiento te contemplo,
abatida, consolándote en los brazos de la culpa
arropándote en la triste soledad.

Durmiendo en el eterno recuerdo,
del amor que perdiste,
añorando la felicidad, pero sin saber como sonreír.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

La mentira

Bella dama que se escabulle,
por la ciudad de tu razón, corre por aquellas calles
intentando corromper a la verdad,
haciendo de ti un peón en su juego de insinceridad.

Su aroma seductor recorre tu mente,
atrayéndola a un sombrío mar sin retorno, distante,
siendo un naufrago eterno vagando sobre aguas en penas
anhelando regresar, pero aquellas olas que fueron serenas

hoy son llantos creados por tu ficción.
que cedieron su confianza a tu palabra, pero solo recibieron tu traición.
Te sedujo, te controlo y al final corrió
porque se quedo muda, sin respuestas, en el eterno silencio de una confianza que murió.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

Celos

Un eclipse esconde tus sentimientos,
oscureciendo tu corazón bajo el manto del remordimiento
Vives en las sombras de un amor arruinado
por tus violentos impulsos manchados por imploras e intensos alaridos.

Suplicante de nefastos castigos a tu alma
el miedo comienza a hostigarla, creando crueles porvenires con su palma.
La intriga la ata a este penoso tiempo muerto
estancándola en el ensangrentado recuerdo, arrodillándola en su cuarto.

Aquella dama que aun amas
se encuentra inmóvil sobre tus rodillas.
Mientras contemplas su pálido rostro mojado por tu tristeza
que cae como gotas de sangre asesinadas por aquella desconfianza.

Había llegado por la noche ebria, con rasgaduras en su remera,
sonriendo en el auge de su borrachera
olvidándose de lo infeliz que era contigo,
pero tus celos te invadieron, siendo tu violencia su propio castigo.

Un golpe seco se escuchó,
tu gran amor eternamente se durmió,
tapándose con rojizas manchas inocentes
que aún perduran como punzantes marcas en tu mente.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

Por la espalda

Por la espalda,
deje que la luna engañase al radiante día,
ocultando aquellos memorables rayos por la desconfiada oscuridad
enceguecido por el deseo te defraude, pisando tu amistad.

La borra del café lo anunció,
una herida abierta y un corazón quebrado.
Risas en el bar y su prohibida mirada sobre la mía,
atándome a su atracción de mujer encantadora.

Dijo que en un rato volvía,
mientras tú la esperabas sobre néctar de la cercana y silenciosa perfidia,
sentado en la oscuridad de tu hogar, invitando pasar a la preocupación
entre tanto mis manos tocaban su cuerpo ajeno, vestido por la tentación.

Su sedosa piel de porcelana rozaba la mía, entrelazándonos con la soga de la pasión
guiándome con sus finas y sedosas manos en su juego de seducción,
convirtiéndome en su amante en el anhelado anochecer
y un conocido más en el nacimiento del amanecer.

El día que vi tus lagrimas caer, amigo mio,
sentí que te defraude, partiendo escuchando solo tu arduo silencio,
culpándome en mi triste soledad
el haber sido el Judas de nuestra amistad.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

Atardecer

Apoyada sobre el ventanal, sonríes frente aquel espectáculo
contemplando la puesta de sol sobre el lejano cielo,
que pinta a la ciudad con melódicas pinceladas anaranjadas,
admiradas por lagrimas inocentes que nacen, como versos en mis hojas.

Surgen nuevas funciones que desnudan sus sentimientos frente a los aplausos,
adorando el eterno agradecimiento, conociendo nuevos rostros.
En tanto las multitudes huyen de su soledad,
manchándose con las pinceladas que brinda el atardecer, conociendo su felicidad.

Tu corazón se funde en dulzura
Y la paz enamora a tu alma soñadora,
olvidándote de él, alejándote de aquellas penas
floreciendo nuevas esperanzas por tus venas.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

El ruido

Serenata para mis oídos,
son tus palabras que viajaban junto al viento hacia mi corazón,
como la brisa que acaricia las hojas,
deseando huir enamoradas dejando su casa de madera.

El ruido se enmudeció,
con tu punzante y repentina despedida,
atándome a una infelicidad eterna,
abrazando las frías paredes, anhelando oír tus susurros por los pasillos.

El ruido de tu voz que me enamoro,
ahora es solo un vacio en mi habitación.
Y la felicidad que habías creado en mí,
huyo en busca de tu olor.

Tu sonrisa era el más bello ruido,
aquella llave ondulada en tus labios que abría mi felicidad
me la robaron al raptarte de mi vida,
dejándome en la soledad escuchando el gris silencio.

Acostado sobre tu fragancia bajo mi manto de lágrimas
te recuerdo dormida, suspirando abrazada a mí,
anhelando poder escucharte eternamente,
pero al abrir los ojos tan solo eres el más bello y afligido recuerdo.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

Indicio

Al caer el sol,
lo único que queda
es el indicio de su brillo
y la fragilidad de su cuerpo
que descansa sobre el suelo.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

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Ruta

El día se ennegreció,
su mirada contemplaba su rojizo dolor,
en tanto sus oídos se aturdían
por aquellos llantos provenientes de su vientre.

La sombría ruta se volvía infinita,
al igual que el ánimo de su marido
que sostenía su fina mano intentando calmarla,
escuchando los pequeños pataleos de aquella bella creación.

El sufrimiento era insostenible,
el deseaba ver un nuevo universo
lejos de aquel bello hogar,
placentero y materno.

Se despidió arrepintiéndose con lágrimas en su rostro,
gritando bajo el manto de lo desconocido,
deseando que el miedo no lo seduzca
y rogando volver a su antiguo hogar.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky

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Abrázame

Abrázame bajo las nubes murmuradoras,
en el gris de tu pasado que pinta el cielo
y lo viste de cristalinos recuerdos
que descienden, quebrándose contra el asfalto.

Abrázame que los arboles aun siguen durmiendo
ocultos en el verde de tus ojos, vestidos de enamoradizas hojas
que huyen junto al viento hacia su felicidad
hiriendo a aquel corazón de madera que las vio nacer.

Abrázame y detén el tiempo
mientras la felicidad se ondula en tu rostro.
Abrázame cuando nos alejemos
y no me olvides en el sucio desván de tus recuerdos.

Escrito por: Maximiliano Braslavsky
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